Dispone de un destacado lugar dentro del marco de las relaciones internacionales debido a su importante posición estratégica. Incluso a pesar del daño que hicieron 8 años de guerra con Irak por el petróleo. Desde 2002 es acusado por EEUU de intentar desarrollar armas nucleares.
Cabe destacar que su población es mayoritariamente joven. Casi la mitad de los 70 millones de habitantes iraníes no superan los 25 años. Esto es relevante porque provienen del boom demográfico de los 80, una generación nacida con la Revolución Islámica que marcó un antes y un después en la historia del país. Así, Irán queda dividida en dos grupos. Por un lado, los que consideran que su país es un modelo de independencia del yugo de las superpotencias occidentales y defienden el estado teocrático. Por otro, los que desean en silencio que el país se abra a occidente.
Todo ello se ve reflejado en los acontecimientos y protestas surgidas a raíz de las elecciones del 12 de junio. Teherán es el principal escenario de la fractura del país, una grave crisis que se materializa en la división más superficial. Es decir, entre los partidarios de Mahmud Ahmadinejad, candidato “ganador” y actual presidente, y Mir Husein Mousavi, principal opositor.
Tras las evidentes y reconocidas manipulaciones electorales, multitudinarias protestas han sumergido a Irán en un caos que intenta ser reprimido por el Gobierno para evitar la división interna. Y van perdiendo fuerza dichas manifestaciones a medida que pasan los días: políticos de la oposición retiran sus denuncias por el fraude electoral; se anulan concentraciones y las que siguen son con menos participación. Esto se debe al temor entre los reaccionarios a la represión del régimen, pero también a la falta de un líder claro. En Irán cada vez hay más desorden y desconcierto. Mushavi actúa de catalizador del descontento pero muchos no lo consideran el verdadero líder de una revolución contra los excesos de un régimen ultraconservador.
En la prensa abundan las especulaciones sobre qué pasará en las próximas horas, días o semanas con el futuro de este país que desde hacía 30 años no se había visto en una situación semejante.
De modo paralelo a la agitación interna, Ahmadinejad ha causado inquietud entre los israelíes con las declaraciones que cuestionaban el holocausto y hablaban de “borrar del mapa” a Israel. Interpretadas por sus seguidores como una presión política para crear un Estado Palestino, para el colectivo israelí suponen una amenaza, máxime teniendo en cuenta el programa nuclear iraní.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu no considera preocupantes las intenciones de Irán, sino la posible fabricación del arma nuclear. Mientras que la otra parte implicada afirma que lo que si vale son “sus intenciones”, pero que sólo está enriqueciendo uranio con fines energéticos, no destructivos. Ante el planteamiento de Israel de atacar Irán, EEUU no sólo le ha negado su respaldo sino que no reconsiderará su postura política hacia la República Islámica. Mientras tanto, va aumentando la posibilidad de que se impongan más sanciones en contra de Irán.